El “no”, la “norma” y la “frustración”
Una de las tareas más complicadas como padres, es empezar a enseñar a los niños/as el no, la norma y la tolerancia a la frustración. Es algo aparentemente sencillo, y a lo que no se le da suficiente importancia, pero que puede llegar a tener consecuencias poco deseables a medida que nuestro hijo/a va creciendo.
¿Cuándo se debe empezar a enseñar? Más o menos a los dos años. En ese momento los niños/as andan, corren, tocan, exploran y manipulan todo lo que tienen a su alrededor. No tienen conciencia de peligro, y todo lo aprenden por ensayo y error. Por lo que la labor de los padres en éste momento evolutivo resulta esencial.
En primer lugar, por la propia seguridad del niño, puesto que puede coger, tocar o ir hacia un lugar que conlleve algún peligro para él. Y en segundo lugar, debe empezar a aprender que no está solo en el mundo. Que ya no es el centro del universo. Hasta los dos años, más o menos, toda la vida familiar gira alrededor del niño/a. Pero a partir de ese momento, se le debe ir enseñando que no siempre se va a hacer lo que él quiere, ni se le van a cumplir todos los caprichos, que tiene que empezar a compartir las cosas, que mamá y papá tienen otras ocupaciones además de él, etc. Es decir, empieza el proceso de sociabilización.
Además, empieza a ver que hay unas personas, mamá, papá, los abuelos, las profesoras de la guardería... (figuras de referencia, de autoridad) que le dirán lo que hay que hacer, y que se les debe obedecer. En gran parte de las ocasiones, serán cosas que tienen que ver con el día a día, y el niño/a las acatará sin mayor problema. Pero habrá otras, en las que el niño/a protestará, llorará, no querrá hacer lo que le dicen, y es en esos momentos cuando más importancia cobra mantenerse firme. Que aprendan que hay veces en las que no se van a salir con la suya, y que no será gratificante para ellos. Pero también aprenden que se superan sin ningún problema, y que no es tan grave como ellos creen.
La realización de un buen trabajo a estas edades se verá reflejado, sobre todo, cuando el niño/a alcance la adolescencia. Momento en el cual se empiezan a mostrar más rebeldes, les cuesta acatar las normas y las cuestionan, y empiezan a tolerar poco la frustración, lo que llevará a discusiones entre padres e hijos/as. Como en la mayoría de las ocasiones, lo mejor es prevenir estas situaciones trabajando desde la infancia.
Jorge Quintas González
Psicólogo del Centro de Psicología EBER

1 Comments:
Muy bueno, Jorge
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