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viernes, octubre 13, 2006

Durante el desarrollo del lenguaje: ¿Qué pueden hacer los padres?

El proceso que sigue el niño desde que nace hasta que es capaz de hablar casi como un adulto no deja de sorprendernos, incluso a los profesionales de este campo. Existen una serie de requisitos necesarios que dependen de dos ámbitos: del propio niño y del entorno, especialmente de los progenitores.

El recién nacido cuenta con un aparato fonoarticulatorio y un sistema nervioso preparado para desarrollarse en función de la estimulación externa. Al principio, el bebé se comunica a través de un amplio y variado repertorio: movimiento del cuerpo y de sus miembros, expresión facial, gritos, lloros, sonidos... A partir de los seis meses añade a su sistema de gestos elementos verbales recibidos de sus interlocutores, que han adquirido para él un significado. Paralelamente, el cerebro del bebé establece continuamente conexiones neuronales que permiten el desarrollo de la inteligencia, ya que el lenguaje estimula y facilita el desarrollo intelectual.

El papel de los padres en este desarrollo es fundamental, ya que constituyen la fuente principal de estimulación que recibe el niño pequeño. Por ello, queremos dar a conocer los siguientes consejos:

- Comuníquese con el niño desde el primer día a través de todos los medios: dirigiéndose a él, tocándole, hablándole mucho, sonriéndole...- Favorezca la comprensión de las palabras familiares. ¿Cómo? Relacionando la palabra con el objeto o con gestos. Por ejemplo: si decimos "coche", lo señalamos o lo cogemos a la vez.- Háblele pausadamente y con claridad, con una voz inteligible.- Cuando el niño comience a hablar, déjele tiempo suficiente para las respuestas y para sus intervenciones verbales; es decir, no le meta prisa.- Diríjase al niño con un vocabulario apropiado a su nivel de desarrollo. No utilice términos demasiado infantiles o del propio niño (por ejemplo, diga "perro" en lugar de "guau-guau") o términos excesivamente complejos o precisos.- Evite corregir y reñir directamente al pequeño. Lo más adecuado consiste en emplear una técnica denominada corrección indirecta: en lugar de corregir directamente los errores de articulación, es preferible repetir a continuación la palabra, con el sonido bien pronunciado y no insistir en que el niño lo repita.

Estas pautas mencionadas son más que recomendables para cualquier niño, tanto si se plantean problemas en el lenguaje como si no. Pero hay que dejar claro que no son suficientes para enfrentarse a un posible retraso o trastorno en la articulación o el habla. En estos casos, es imprescindible la opinión clínica de un especialista. El diagnóstico precoz, es decir, evaluar al niño en el momento en que detectemos algún problema o tengamos dudas, facilitará la evolución de éste y permitirá que, posteriormente, en el aprendizaje de la lecto-escritura y en el medio escolar en general, no se desarrollen otros problemas.

María Antolín Martínez
Logopeda del Centro de Psicología EBER

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